viernes, 30 de noviembre de 2012



La carita angelical del cachorro de Samoyedo es una de las características importantes que potencian que las personas con buena voluntad, aunque equivocadas, salgan corriendo a comprarse uno para ellos o para regalarlo por sorpresa a una persona querida. Con esto no queremos decir que la tibia bola de pelo que traiga a casa no sea igual que los perros que aparecen en esas encantadoras tarjetas de felicitación que se reciben de vez en cuando. La clave es la expresión «de vez en cuando». Los cachorros de carne y hueso pasan el día investigando, escarbando, mordiendo, comiendo, haciendo sus necesidades, lloriqueando para que les saquen fuera de casa para, a continuación, pedir que les vuelvan a dejar entrar.

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